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27 de mayo de 1985. La masacre del Memorial Day

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Leía hace unas horas las palabras de Magic Johnson en twitter en las que criticaba duramente a Dwight Howard por autoexpulsarse en el último partido del playoff de los Lakers frente a San Antonio y una frase me llamaba la atención: “Dwight, I’ve been swept before but I never let my team down by getting kicked out of the game” (Dwight, a mí también me han barrido, pero nunca he dejado solo al equipo haciéndome expulsar).

Automáticamente, me he acordado del primer partido de la final de 1985, celebrado el 27 de mayo en Boston, y que en la NBA se recuerda como la Masacre del Memorial Day.

El último lunes de mayo, en Estados Unidos se celebra el Memorial Day, esto es, el día en el que se honra la memoria de los soldados americanos caídos en combate. Inicialmente establecido como un día para recordar a los caídos de ambos bandos durante la Guerra de Secesión (1861-1865), desde el siglo XX se amplió a la memoria de todos los soldados estadounidenses caídos en acto de servicio. Hasta 1971, esta fiesta se celebraba el 30 de mayo.

El 27 de mayo de 1985 comenzaron las series finales de la temporada en la NBA. A ellas llegaban por el Este, los vigentes campeones, los Celtics de Boston, que habían acabado la temporada regular con una marca de 63-19 y por el Oeste, los finalistas de la temporada pasada, los Lakers de Los Ángeles, con una marca de 62-20.

En playoffs, los Celtics se deshicieron consecutivamente de los Cavs, los Pistons y los 76ers, mientras que los Lakers dejaron por el camino a los Suns, los Blazers y los Nuggets. Hasta 1985, los Lakers y los Celtics se habían enfrentado 8 veces en las finales. Nunca los Lakers habían podido derrotar a los Celtics, siendo la frase “los Lakers nunca han ganado a los Celtics” la que resumía la historia de estos enfrentamientos. Larry Bird había sido el MVP de la temporada regular, McHale, el mejor sexto hombre y sólo Magic Johnson por los Lakers figuraba en el mejor quinteto de la temporada.

La temporada anterior había terminado con los Celtics como campeones tras una serie final en la que, cómo no, los de verde se habían impuesto a los Lakers por 4-3, con Larry Bird como MVP de las finales. Incluso, Kevin McHale, tras aquellas finales, le cambió el apodo a Magic por el de “Tragic”.

Con estos precedentes, los dos equipos saltaron a la pista y en aquel primer partido ocurrió lo de siempre, pero más exagerado: los Celtics barrieron literalmente a los Lakers infligiéndoles una derrota brutal, por 148-114. Robert Parish dejó a Kareem Abdul Jabbar en 12 puntos y 3 rebotes, Magic Johnson se fue hasta los 19 puntos y 12 asistencias pero nunca pudo mandar en el partido. Larry Bird terminó el partido con 19 puntos, 6 rebotes y 9 asistencias, McHale se fue hasta los 26 puntos y 9 rebotes, el suplente Scott Wedman se fue también hasta los 26 puntos con una serie increíble de 11 tiros de campo acertados de 11 intentados (incluyendo 4 triples) y sólo 2 errores desde la línea de tiros libres. El jugador decisivo de la noche, no obstante, fue Danny Ainge, que con 15 puntos en el primer cuarto destruyó las esperanzas de los Lakers (24-38 al final de ese período). Al descanso, el marcador reflejaba un bochornoso para los Lakers 49-79, que se iría hasta el 148-114 final. Los lakers encajaron 38, 41 y 40 puntos en los cuartos primero, segundo y cuarto, respectivamente, y sólo pudieron ganar el tercero, por un único punto, 30-29. Como se ha dicho en el primer párrafo de este artículo, este partido se recuerda como la Masacre del Memorial Day.

Tras esta exhibición, y teniendo en cuenta la historia de los enfrentamientos entre los dos rivales, parecía que la serie se decidiría por la vía rápida. Sin embargo, aquel partido hirió de tal manera el orgullo Laker que se convertiría en la tumba de las esperanzas de los Celtics. Así, a la mañana siguiente Kareem Abdul-Jabbar se dirigió a sus compañeros para pedirles perdón y asegurarles que aquello no se volvería a repetir.

Los Lakers se presentaron al segundo partido con la intención de apretar en defensa y cerrar el rebote como bases para lanzar los mortíferos contragolpes de Magic Johnson. Y la historia cambió: Kareem Abdul-Jabbar rozó el triple doble (30 puntos, 17 rebotes y 8 asistencias, junto a 3 tapones) y esta vez fue Michael Cooper el tirador infalible en lugar de Wedman, con 8 canastas de 9 intentos. Magic Johnson aportó 14 puntos y 13 asistencias, mientras en el bando contrario Larry Bird se iba hasta los 30 puntos pero con malos porcentajes y dando muestras de algunos problemas físicos que se agravarían en los siguientes partidos. Los Lakers se fueron al descanso en ese segundo partido 18 puntos arriba (64-46) y resistirían los intentos de remontada de Boston hasta llevarse el partido por 109-102 y hacerse con el factor cancha en la serie.

El tercer partido se celebró en el Forum de Inglewood y allí, unos Lakers crecidos aprovecharon para devolver a los Celtics la paliza del primer día, imponiéndose por 111-136 con una gran actuación de su tridente ofensivo Magic-Worthy-Jabbar y con Michael Cooper anulando a Larry Bird, que firmó un pésimo 38% de acierto en tiros de campo.

En el cuarto partido fueron los Celtics los que se llevaron la victoria contra pronóstico, en lo que sería su canto del cisne en estas finales, imponiéndose en Los Ángeles por 107-105, con un buzzer beater de Dennis Johnson que respondía a la canasta anterior de Magic Johnson que parecía llevar el partido a la prórroga.

El quinto partido de nuevo se disputó en Los Ángeles y esta vez los Lakers no se dejaron sorprender, imponiéndose por 111-120, con 36 puntos de Jabbar y 33 de Worthy. Durante los tres primeros cuartos, los Lakers fueron muy superiores a los Celtics, llegando a mandar hasta por 17 puntos de ventaja, pero la reacción posterior de Boston llevó al partido a un 101-97 a seis minutos del final resuelto por la pareja Johnson-Jabbar con 7 canastas entre los dos en esos minutos finales.

La serie viajó a Boston con los Lakers por delante, pero con los Celtics con la oportunidad de decidir la final en el Garden ante su público, como todas las ocasiones anteriores. La amplitud del banquillo de los Lakers fue clave en el sexto partido, puesto que los Celtics sólo pudieron usar a siete jugadores durante este partido. Los Lakers se llevaron el partido y el título con un marcador final de 111-100. Kareem Abdul-Jabbar fuen nombrado MVP de las finales por segunda vez y los Celtics perdieron un título en su pista por primera vez en la historia de la NBA.

El alcalde de los Lakers estableció que ese día sería en adelante el Laker Day y Jerry Buss pagó una campaña publicitaria que inundó la ciudad con carteles en los que se leía: “Los Lakers han ganado a los Celtics”. Magic Johnson dejó de ser Tragic Johnson.

Si Dwight Howard buscó la eliminación en el cuarto partido del playoff para no pasar por la vergüenza de caer eliminado por 4-0 ante San Antonio, Kareem pidió perdón a sus compañeros aquel 28 de mayo de 1985 y los guió a un título que parecía imposible. Kareem Abdul–Jabbar es una gran leyenda del baloncesto. Dwight Howard es…

¿Superman Howard?

@yosoywsmith

2 comentarios:

  1. Buen artículo colega, te das cuenta que cuando se habla de aquellos pioneros que fueron capaces de levantar a una NBA alicaída y que palidecía por la competencia de la ABA y llevar a lo más alto, estás hablando de atletas con mayúsculas y donde había respeto por lo que se hacía , por el rival (sin amiguismos ñoños), y por los aficionados.
    Gracias a Magic y a Bird, la NBA llegó a lo más alto y luego Jordan la mantuvo ahí bien arriba.
    Y es que ves a aquellos tremendos jugadores ver a estereotipos como el de Howard y se rasgan las vestiduras. No me extraña.
    Cuando ves un jugador con las limitaciones técnicas y del conocimiento del juego como Howard creer que es "Superman" te das cuenta el nivel moral y técnico de muchas "estrellas" de la actualidad.
    Muy buen regusto me ha dejado tu crónica retro, colega. Nos viene muy bien recordar de que baloncesto venimos y veneramos.Salu2!

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  2. Muchas gracias.

    En mi opinión, la NBA se ha vuelto más física en los últimos 10 años, a la vez que el nivel medio de los jugadores ha bajado y estos se han hecho más egoístas. Aquellos partidos de los 80 eran tremendos.

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