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Los Upsets de la March Madness

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La llegada del mes de Marzo, para mucha gente significará el comienzo de la primavera, el rebuscar entre los cajones la ropa de verano, Semana Santa y el olor a torrijas, la vuelta del sol.. Para unos pocos “Freaks” del baloncesto, pensar en Marzo es asociarlo con el punto álgido de la competición del Baloncesto Universitario Norteamericano, la NCAA. El “March Madness”, la locura de Marzo, en donde 64 equipos del país, grandes y pequeños, mediáticos y desconocidos, se enfrentan por llegar a la tan ansiada Final Four y lograr el título.
Y los neófitos de la NCAA se preguntaran el por qué del nombre “March Madness”, y la respuesta es fácil de contestar. Es “Madness” (locura), por el inmenso carrusel de partidos que se disputan en menos de un mes, por la devoción de cada una de las aficiones por sus equipos, por la tremenda igualdad en la mayoría de los partidos, que ya en el pasado han ofrecidos momentos históricos que siguen en la retina del espectador (prometo hablar algún día de ello) y por el componente heróico de los “Upsets”. Este último aspecto, a los amantes, - como un servidor - , de la épica en el deporte, nos emociona especialmente.

Los “Upsets” son victorias contra todo pronostico, cuando David derrota a Goliath, y las “Cenicientas” se niegan a abandonar el baile, que es esta March Madness. Cada año, hay uno o varios equipos que recurren a la heroica para lograr grandes victorias ante equipos claramente superiores. Siempre hay un equipo pequeño dispuesto a asombrar al mundo baloncestístico con una actuación superlativa. Quizás el ejemplo que mejor lo ilustre sea la actuación de la pequeña universidad de Butler en 2010, que con solo 4200 estudiantes matriculados, y liderados por el joven y talentoso coach Brad Stevens (por aquel entonces con 33 años) y el actual alero de los Utah Jazz, Gordon Hayward se atrevió a plantarse en la mismísima final de la March Madness y tratar de tu a tu a la prestigiosa universidad de Duke, para acabar perdiendo por una exigua ventaja de 2 puntos, 61-59.

Este año no se pierde esta tónica, que añade mas salsa a la competición. Podríamos hablar de Harvard y su victoria ante New Mexico, una Universidad que no deja de tener buenas noticias, a pesar de tener un programa baloncestístico pobre, pero que puede presumir de este Upset, aunque no tanto como de la llegada a la NBA de Jeremy Lin, el primer jugador NBA salido de Harvard desde Ed Smith en 1954. No sería exagerado hablar de Upset en otros encuentros, como la eliminación de UNLV a manos de California Golden Bears, con un Allen Crabbe excelso, o la aplastante derrota por 20 puntos de UCLA (donde estabas Shabazz?) a manos de los Golden Gophers de Minnesota, o el ¿Upset? De Oregon Ducks ante los Bilikens de Saint Louis, demostrando que algunos seeds (que infravalorada ha sido de la Pac-12) no son serios. Por ser generosos en el calificativo. Pero hay algo más, hay un equipo que emociona, capaz de atraer la atención mediática en apenas 2 partidos. Y estos son los Florida Goulf Coast Eagles.

¿Quienes son estas cenicientas que asombran al aficionado de la NCAA? La duda se puede resolver fácilmente dando una serie de datos. Se trata de una universidad cuyo programa baloncestístico cumple 11 años, siendo el sexto en la Division I. Esta March Madness es la primera que disputa la antes mencionada Florida Gulf Coast, ya que solo ha podido ser elegible para el torneo desde hace dos años. Es un equipo sin historia en el baloncesto universitario. La mayoría de expertos y aficionados coincidían que esta universidad haría de perfecta cenicienta ya que cabría pensar, que llegar a la March Madness sería suficiente premio para estos chicos. El seed 15, que les enfrentaba a la mítica universidad de los Hoyas de Georgetown con Otto Porter, - futuro top-10 del draft si no hay sorpresas, hacía pensar que el paso de esta modesta universidad por esta fase final iba a ser bonito, pero breve. Pero llego el momento del partido, los chicos de Andy Enfield contemplaban la majestuosidad del Wells Fargo, abrumados por su inmensidad. En su mente las ganas de luchar con una sola idea en sus cabezas: Hacer historia. Y desde el primer momento se vio que eso era lo que pretendían, con el descaro del que no tiene nada que perder, y con la sensación de que jugaban con varios niveles de intensidad sobre una Georgetown, que parecía confiarlo todo a su talento. La primera mitad fue un recital defensivo, que acabo con un 24-22 que ya daba a entender, que no habían llegado al partido a pasearse. Pero la locura no se estaba desatado¡a aun. En el comienzo de segunda parte, un autentico Tsunami ofensivo destrozó la defensa de los Hoyas, famosa por su dureza, y les endosaron un parcial terrorífico que dejo una diferencia de +19 a favor de los Eagles, 52-33, que hacía frotarse los ojos a todos y cada uno de los espectadores que tenían localidad en el West Fargo Center, y al aficionado de a pie que veía el partido en su salón.

 A pesar de la  de Georgetown, los Eagles aguantaron el tirón, supieron sufrir y nos regalaron la que quizás sea la imagen que quede del partido en la retina del espectador, que refleja la garra, la determinación y la lucha de estos chicos: El estratosférico alley-hoop de Chase Fieler, asistido por Brett Comer. El partido acabó, con un 78-68 en el marcador. Hemos pasado por alto, el hecho de que estos chicos le endosaron 54 puntos en la segunda mitad a los Hoyas. Los Chase Fieler, Brett Comer, Bernard Thompson, Eric McKnight, Sherwood Brown... por los que nadie daba un duro, empezaron a ser rodeados por periodistas, protagonistas por un día. Y es que ese era su día, y de nadie más.

La historia de estos chicos no acaba ahí. Querían mas gloria, y solo podían conseguirla a costa de su próximo rival: San Diego State Aztecs. Mismo patrón de victoria. Una primera mitad igualada, llegando 34-35, y una segunda parte heroica, muriendo en la pista físicamente, con un ritmo anotador inalcanzable (48 puntos en la segunda mitad) llegando a alcanzar su máxima diferencia al final, un +16, 79-63 a falta de 1:22, que encumbraba definitivamente a los chicos de Endfield, acabando con 78-68, que metía a esta cenicienta en el Sweet 16. Por si no hubiese suficiente gloria para los Eagles, pasaran a la historia por ser el primer equipo seed-15 que llega al Sweet 16.

Y es quizás gran parte de este equipo se graduará y nunca conocerá el baloncesto profesional. No se ganaran la vida con este bendito deporte, y serán abogados, jardineros, químicos o ayudantes cocina (quien lo sabe) , verán el baloncesto profesional desde casa, y tal vez los fines de semana vayan a la cancha mas cercana a su casa, a disfrutar con algún compañero de un partidillo de barrio, o se apunten a una de las múltiples ligas amateur. Caminaran por la calle y nadie les reconocerá, tampoco sabrán de su gesta. Pero podrán recordar esos días donde alcanzaron la gloria y contarle batallitas a sus hijos: “Chico, yo estuve allí, en el Sweet 16”.

Como decía una canción de David Bowie “We can be Heroes, just for one day”.

@RbnRguez23

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