Social Icons

Lo que hay detrás de John Wall

Cargando..


Estamos ante uno de los bases con más futuro en la NBA. Físico, ágil y rápido, tiene uno de los mejores crossovers de la liga. Para sus compañeros es un auténtico líder. Fue sin discusión el número 1 del Draft de 2010. Sólo tiene 22 años y juega en los Washington Wizards. Hablamos de John Wall. Pero detrás de todos esos puntos y asistencias, se esconde una infancia dura, un chaval problemático, un incomprendido. Ésta es la historia de John Wall.
Johnatan Hildred Wall nació en Raleigh, Carolina del Norte, el 6 de Septiembre de 1990. Frances Pulley, la madre del pequeño Johnie, apenas paraba en casa. Se pasaba el día trabajando. Tenía que sacar adelante a John y a sus dos hermanas, Cierra y Tonya, hija de su madre en un matrimonio anterior. El padre de Wall se pasó gran parte de la infancia de su hijo en prisión, cumpliendo penas casi siempre debido a robos o atracos a mano armada.

Al pequeño Wall nunca le dijeron por qué para ver a su padre tenía que ir a la cárcel. Todas las semanas, todas sin excepción, lo único que esperaba ansioso Wall era a que llegara el fin de semana para poder abrazar a su padre en la cárcel. “Se divertían mucho juntos, era fantástico verles” dijo Frances, en referencia a esas visitas a la cárcel. Y así creció John Wall, yendo y viniendo de la cárcel para poder ver a su padre mientras su madre intentaba sacar adelante a él y a su hermana. Y aún con todo esto, John era un niño feliz. Pero lo peor estaba aún por llegar. En el año 1998 los médicos le diagnosticaron cáncer al padre del pequeño Wall. Las peores noticias se hacían realidad, el cáncer estaba muy avanzado, no había nada que hacer, sólo era cuestión de tiempo.

Casi un año después de su diagnóstico, John Carroll Wall fue puesto en libertad, iban a permitirle pasar sus últimos días de vida con su familia. Poco después de su salida de la cárcel, toda la familia hizo un viaje. Fueron a la playa a White Lake, Carolina del Norte. Wall aún no lo sabía, pero iba a ser el último viaje que haría con su padre. Hoy en día, Wall aún se emociona recordando este viaje, y según él, aún sigue siendo el momento más relevante de su vida. En este viaje, padre e hijo tuvieron muchas charlas, pero todas desembocaron en lo mismo, en la vida y en todos los errores que él había cometido. John padre no quería que su pequeño los volviera a cometer. El último día de viaje, el 24 de agosto de 1999, John Carroll Wall se desplomó en la bañera y no volvió a despertar. Tenía sólo 52 años. John no pudo llegar a despedirse de su padre, no pudo darle un último abrazo. Él sólo era un crío, tenía 9 años.

A partir de la muerte de su padre, John Wall cambió, pasó de ser un niño feliz y optimista a ser un niño frío y agresivo. Según Frances, John fue el miembro de la familia al que más le afectó este suceso. Estuvo semanas sin dirigirle la palabra a nadie. No le importaba el colegio, no le importaba su hermana ni su madre, se metía en peleas. Parecía otro chico distinto.
Lo único que parecía calmar a Wall era el baloncesto, coger una pelota, empezar a jugar y olvidarse de todo y de todos. Sólo existían él y la pelota.

Poco después de la muerte de su padre, Wall y su familia se mudaron a Garner, un pueblo cercano a Raleigh. Su madre había encontrado trabajo. Allí empezó a jugar al baloncesto en el Garner Magnet High School. Su talento era innegable, pero su carácter y su egoísmo le crearon muchos problemas tanto con sus compañeros como con su entrenador. Los que conocían a Wall decían esto: “Si no llega a ser por el baloncesto, lo más probable es que John hubiese terminado en la cárcel, o algo peor…”

Dos años después John y su familia volvieron a mudarse de nuevo a su Raleigh natal para instalarse definitivamente allí. John se enroló en las filas del instituto Needham B. Broughton. Wall se convirtió nada más llegar en el líder del equipo y en su mejor jugador, pero una vez más apareció su otra cara. Al tiempo, sorprendentemente, Wall es expulsado del equipo. Broncas con sus compañeros, pasotismo ante el entrenador, todo lo quería hacer por su cuenta y riesgo, no confiaba en nadie. Por aquella época Wall solo confiaba en él mismo.

La expulsión de John del instituto acabó por derrumbar a su madre. Ya no sabía qué hacer, no sabía cómo ayudar a su hijo, esa expulsión había sido la gota que colmó el vaso. Frances decidió que si ella no podía encauzar a su hijo, a lo mejor Dios si podría hacerlo. Inscribió a John en un centro cristiano dónde podría seguir jugando al baloncesto, el Word of God Christian Academy, también en Raleigh. Allí John acabaría encontrando el camino correcto, gracias en parte a la labor del entrenador del equipo, que armándose de paciencia, estuvo tras él, día a día, para que comprendiera que podía confiar en él, en la gente y que no tenía por qué estar solo. El entrenador definió así esa situación: “Era sólo un chico con problemas, teníamos que encontrar la forma de hacer que sus miedos desaparecieran, y así pudiera ser feliz. Ya no por el baloncesto, era por él”.

En un partido en una liguilla de verano dónde jugaban los mejores jugadores de instituto del país, Wall dejó boquiabierto a más de uno. Anotó 28 puntos. El base que le defendió en ese partido le describió como el siguiente grande en la NBA. Ese jugador que quedó asombrado con el talentoso Wall, actualmente es el base titular de los Bucks. Sí, Brandon Jennings ya vislumbraba lo que podía llegar a ser el de Raleigh.
John Wall poco a poco fue moderando su carácter, aprendió de sus errores y maduró tanto como persona como jugador. Estuvo en el Word of God Christian Academy tres años. En ellos tuvo unos promedios simplemente espectaculares: 20 puntos, 9 asistencias y 8 rebotes, rozando el triple doble. Fue nombrado mejor base de Estados Unidos. Sin duda estábamos ante uno de los jugadores más prometedores desde hacía años.

Después de tanto sufrimiento, de tantos errores cometidos, John Wall había sabido encauzar su carrera y su vida. Las mejores universidades del país se pelearon por tener a John en su equipo: Duke, Kansas o Kentucky fueron algunas de ellas, pero fueron los Wildcats de Kentucky los que se acabarían llevando el gato al agua. John Wall se iba a Kentucky con otro John, John Calipari, ex entrenador de la universidad de Memphis y nuevo entrenador de la Universidad de Kentucky. Calipari se enamoró literalmente de Wall y de su estilo de juego. Llegó a decir que para él, era el base más prometedor que nunca había entrenado. Recordemos que Calipari entrenó en Memphis a Tyreque Evans y al MPV de la NBA hace dos años, Derrick Rose, así que eso eran palabras mayores. Quería que fuese el líder de su equipo. Todo iba a girar en torno a él y esa fue una propuesta que Wall no pudo rechazar.

Kentucky tenía un auténtico equipazo. Jugadores de la talla de Demarcus Cousins, uno de los pivots más prometedores de la NBA hoy en día o Eric Bledsoe, el base de los Clippers, formaban parte de ese equipo, y al mando de la tropa, John Wall. Sin duda era un equipo con mucho talento. Calipari tuvo mucho trabajo para encajar todas las piezas, tanto a nivel táctico como a nivel psicológico. Todos conocemos el carácter de Demarcus Cousins. Su choque con el que iba a ser la punta de lanza del equipo era más que posible. Tras una dura e intensa pretemporada, Calipari consiguió su objetivo. Cousins y Wall se hicieron grandes amigos, eran inseparables. El equipo funcionaba, todo iba sobre ruedas.

En su primera y a la postre única temporada en Kentucky, John se convirtió en el jugador más prometedor del país. Además, se convirtió en todo un icono publicitario.
Esa temporada, Wall dejó grandes sensaciones. Tuvo muchas actuaciones impresionantes, superó los 20 puntos y las 10 asistencias infinidad de veces. Incluso llegó a batir el récord de asistencias en Kentucky con las 16 que repartió contra Hatford en un partido. A nivel de equipo, los Wildcats hicieron una buena temporada, pero en el momento de la verdad, cuando estaban a un paso de la final, cayeron estrepitosamente contra West Virginia, con un porcentaje de 3 lamentable. Sólo John Wall dio la cara en ese partido. Los de Calipari se quedaron sin esa final soñada por todos.

Wall acabó el año con casi 17 puntos, más de 4 rebotes y casi 7 asistencias por partido. Además, fue elegido Jugador del año de la Conferencia Sur y fue galardonado con el prestigioso premio Adolph Rupp, uno de los más importantes del baloncesto universitario. La NBA esperaba a John Wall y Wall ansiaba llegar a la NBA. La expectación era enorme, muchos decían que era el futuro Derrick Rose. John sabía de todo esto, pero estaba tranquilo. Su confianza en él mismo era máxima, no iba a defraudar a nadie.
Era un secreto a voces que John Wall iba a ser elegido por los Washington Wizards como número uno del Draft del 2010. La alegría que sintió John Wall ese momento creo que no fue nada comparada con la que sintió su madre esa noche. Frances no podía estar más orgullosa de su hijo, “Johnie” había llegado a lo más alto, todo había acabado bien.

Poco después del Draft, John se acordó de su madre con estas palabras: “Si no es por ella, yo no estaría ahora aquí, decidiendo que zapatillas o que camiseta ponerme. Probablemente estaría en una situación mucho peor. Todo lo que he conseguido y todo lo que soy se lo debo a mi madre”. Un Wall emocionado y arrepentido por muchas cosas, le dedicaba estas palabras a la que para él es su salvadora, su madre.
En Washington, la llegada de Wall provocó una enorme alegría, los aficionados estaban felices y ansiosos porque empezase la temporada para poder disfrutar de su nueva estrella. El alcalde de Washington DC incluso instauró el día 25 de Junio como el “Día John Wall” en honor a él. En una ciudad en la que los últimos dos años no habían ganado para disgustos, por fin tenían un motivo para sonreír, su nombre era John y su apellido Wall.
Después de la Summer League en Las Vegas, donde Wall dejó su carta de presentación con partidos espectaculares que vio todo el mundo, llegaba lo bueno. Llegaba la temporada regular. Poco tardó John en demostrar por qué había sido elegido número uno del Draft. En su tercer partido igualó el récord histórico de los Wizards en cuanto a robos de balón con 9. John le empezaba a dejar claro a todo el mundo, que además de ser uno de los bases más físicos, rápidos y talentosos de la liga, también era todo un “ladrón”. Pocos partidos después, contra Houston, Wall haría su primer triple doble en la liga, 19 puntos, 13 asistencias y 10 rebotes, completando su actuación con 6 robos. Si Wall no ganó el premio al Rookie del Año fue por culpa del Cyborg. Blake Griffin, lesionado toda la anterior campaña y debutante en la liga igual que Wall, hizo una temporada digna de All Star y logró hacerse con el premio. Wall terminó su temporada Rookie con más de 16 puntos, más de 8 asistencias y más de 4 rebotes por partido. Washington traspasó a Arenas esa temporada, su jugador franquicia iba a ser Wall. John había llegado a la NBA pisando fuerte.
Tras una temporada Rookie en la que Wall parecía haberle cambiado la cara a los Wizards, llegó su segundo año en la NBA. Washington debía consolidarse como un equipo de futuro, pero una mala gestión desde las oficinas de los Wizards dejó una plantilla muy mediocre en la que sólo McGee, Nick Young y John Wall parecían salirse un poco del esquema. Wall se mostró muy irregular desde el inicio de campaña, las cosas no estaban yendo bien. Las batallas internas en el equipo se sucedían. Flip Saunders no supo reconducir la situación, así que desde los despachos se tomaron varias decisiones claves. Una fue el cese de Flip, su sucesor sería Randy Wittman. La otra gran decisión que se tomó fue el traspaso que llevó a McGee a Denver, a Young a los Clippers y trajo a Nene a Washington. Los Wizards empezaban una reconstrucción más que necesaria. Wittman no tuvo un gran impacto en el equipo a nivel de victorias, pero si a nivel psicológico. Con él se acabaron las luchas internas. Wall terminó con prácticamente los mismos números que en su primera campaña. La conclusión de la temporada fue muy clara, Washington había dado varios pasos atrás, pero las sensaciones a final de temporada fueron esperanzadoras. Wall era un gran líder, pero necesitaba un equipo al que poder dirigir. Un equipo, no una banda. El traspaso de Nene dio muestras del giro que querían dar estos Wizards.

La temporada 2012-2013 tenía muy buena pinta para los Washington Wizards. En verano habían hecho grandes movimientos, con las llegadas de Emeka Okafor y Trevor Ariza, dos veteranos que podían aportar muchas cosas al equipo. Además, en el Draft, los Wizards escogieron al escolta Bradley Beal en la tercera posición. Beal tenía la fama de ser un escolta fuerte, buen tirador y mejor penetrador. La pareja exterior que él y Wall podían hacer sonaba muy bien. Además, en la plantilla había jugadores jóvenes como Seraphin y Vesely que debían de explotar definitivamente. Pero no ha sido así, al menos no desde el principio. John Wall se lesionó en verano y se ha perdido casi la mitad de la temporada, además Nene también ha estado mucho tiempo lesionado. Los Wizards han tenido que sobrevivir varios meses sin su pívot titular y sin su máxima estrella, algo que afectaría a cualquier equipo, pero a Washington Wizards más. John Wall reapareció contra Atlanta el 12 de enero. Los Wizards ganaron ese partido y Wall ayudó a ello con 14 puntos en apenas 20 minutos. Desde su reaparición, los Wizards parecen otro equipo. Desde ese día, Washington tiene un récord positivo con un más que aceptable 15-13. Bradley Beal está demostrando que tiene un gran futuro por delante y junto a Wall están siendo los dos jugadores que están liderando al equipo. John Wall no está al 100% ni muchísimo menos. Físicamente sigue estando un puntito por debajo, pero, aún así, su aparición le ha cambiado la cara al equipo. John está promediando 14 puntos, algo más de 7 asistencias y 3 rebotes en menos de 30 minutos por partido. Como digo, aún no hemos visto su mejor versión, pero con su vuelta, Wall ha demostrado mucho más de lo que dicen sus estadísticas. Ha demostrado que para sus compañeros él es un auténtico líder. Con él en pista, todos sus compañeros están jugando mejor, el equipo es más serio y las victorias están llegando. A Wall y a los Wizards les queda mucho camino por recorrer, pero personalmente yo no tengo ninguna duda de que Wall terminará consiguiendo todo lo que se proponga. Siempre lo hace.

John Wall en su salsa:


@edumartin92

0 comentarios:

Publicar un comentario